¡Diablos!

Cuando me echaron de la calesita, el caballito pintado de blanco me siguió varias cuadras.
Que sí, que no, al final me subí y fuimos hasta la heladería del diablo. Compré uno de limón y otro de frutilla para él.
Le va a hacer mal a la panza, dijo el diablo y los dos, me miraron angustiados.
Nunca más me siguió el caballito.

...............

Todos los martes cuando Verónica va a lo de la señorita particular, un diablo se le cuelga del moño. Ella no se da cuenta, está preocupada, siempre.
La señorita cría un chanchito al fondo, lo usa de ejemplo, cómo no van a aprender niñas, dice, si Emilio, hasta toca el violín. Por eso, aunque tenga que recorrer la tierra, el diablo, los martes, permanece atento hasta que el moño fucsia de Verónica, aparece por la esquina.

.................

Las sandías se cultivaban contra el maíz cerca del río, dicen que así vienen mejor; estaba allí y apareció el diablo de la siesta con su cara verde y un birrete. Nos miramos y comenzó a cambiarse birretes de todos los colores, apurado, estaba.
Era el arcoiris del MAL.
Después, arranqué una sandía roja, helada.
Volví a las casas bajo un cielo gris; detrás del sauce, las vacas cantaban a la luna.

 

 

Alejandro Schmidt, nació en Villa María, Córdoba (Argentina), en 1955. Vive allí. Publicó varios libros de poesía y ensayos.

          Continuar  
          Foro abierto  
      Índice